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Entre los
malos hábitos los más comunes son que tu
perro ladra demasiado y en situaciones
inapropiadas, salta encima de las personas o
muerde. Sus causas son variadas pero se
localizan fundamentalmente en la etapa de
socialización del perro, cuando todavía es
un cachorro. Un perro que se ha relacionado
con las personas a partir de su cuarta ó
sexta semana de vida será capaz de disfrutar
más de su relación con las personas y
buscará agradar a sus dueños.
El
entrenamiento debe comenzar en el momento en
que observemos en el perro alguno de estos
comportamientos molestos teniendo siempre en
cuenta que no podemos utilizar el castigo
como método de adiestramiento.
En el caso de
aquellos animales que saltan sobre las
personas como gesto de recibimiento con las
consiguientes molestias de suciedad,
arañazos e incluso el riesgo de que el perro
nos tire al suelo, es fundamental mostrar
una actitud firme mediante órdenes sencillas
como "abajo" así como evitar animar al perro
en algunas ocasiones y reprenderlo en otras,
lo que sólo provocará confusión en el animal
haciendo que el entrenamiento sea mucho más
difícil.
Sucede lo
mismo cuando el ladrido deja de ser una
señal defensiva o de advertencia y se
convierte en un hábito que el perro
desarrolla para llamar la atención o evitar
quedarse solo y que acarrea molestias no
sólo para el amo, sino también para los
vecinos. Esta conducta pudo haber sido
desarrollada por el perro como consecuencia
de un entrenamiento erróneo por parte de su
dueño, ya que muchas veces esperamos que los
perros respondan con sonidos a cualquier
gesto o indicación.
Cambiar esta
costumbre implica tiempo y paciencia, pero
un buen comienzo es salir de casa durante
cortos períodos de tiempo sin alejarse mucho
para poder oír si el perro ladra demasiado
en nuestra ausencia. En caso negativo,
debemos recompensar y elogiar al perro e ir
aumentando progresivamente los períodos de
tiempo fuera de casa para que el animal
comprenda que el hecho de quedarse solo no
implica el abandono por parte de su dueño y
así desaparezca la necesidad de llamar la
atención mediante continuos ladridos.
De cualquier
forma las herramientas fundamentales a la
hora de cambiar una mala costumbre de
nuestro perro son la paciencia y la
seguridad de que los problemas de conducta
pueden ser corregidos, incluso en los casos
extremos que precisen la intervención de un
especialista.
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